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Pensar lo justo
A veces tenemos un tema en la cabeza. Le damos vueltas y vueltas sin tomar una resolución y no actuamos. Nos quedamos bloqueados. Esa idea inicial que podía haberse convertido en acción, se queda en la cabeza en forma de dudas, miedos, y justificaciones. Son los “y si…”, los  “es que…”, y los “porque...” interminables. 
Algunos lo llaman la parálisis por el análisis. A muchas personas nos ocurre muy a menudo.
La cabeza puede ser nuestra amiga si dejamos que piense “lo justo”. Si generamos una idea y la concretamos en forma de una acción sencilla, iremos avanzando. Es así de sencillo y punto, lo que pasa es que lo solemos complicar.
Nos pasa con las cosas más cotidianas. Por ejemplo, pensamos: “voy a llamar a este cliente para ofrecerle el nuevo producto que tenemos ”. Genial, en principio la idea es estupenda. Si a continuación tomamos el teléfono y llamamos a ese cliente, la idea se habrá transformado en una acción concreta, que nos llevará a otra dependiendo de la respuesta del cliente y ya habremos pasado a otro punto de avance.
Sin embargo, lo que suele suceder es lo siguiente: después de generar la idea, en vez de actuar, nuestra cabeza entra en pensamientos paralizantes: “Y si no le pillo en la oficina y me atiende fulanito con quien no quiero hablar...es que primero voy a tomarme un café y mejor espero a después de la comida que será mejor hora...es que no le va a interesar... porque seguro me pone pegas..., porque el otro día me dijo que… etc. etc. etc.”  Y al final no lo hacemos.
Entonces esa idea se queda ahí en la cabeza sin concretar, y nuestro cuerpo se llena de tensión porque estaba preparado para tomar una acción que nuestra cabeza ha bloqueado.

Resultado de la no acción: cabeza en confusión, tensión corporal, no acción, no concreción, y sensación de que no puedo llevar a cabo las ideas que pienso.
¿Qué se puede hacer? Pensar “lo justo” y Actuar. Si quiero llamar a tal cliente voy y lo hago. Si quiero ir a tal sitio, voy. Si deseo asistir a clases de yoga porque he visto un anuncio y me ha llamado la atención, voy a una clase de prueba. Y así sucesivamente.  Y si no lo puedo llevar a cabo en ese momento, le pongo día y hora en que voy a realizarlo.
Resultado de la acción: cabeza más ligera que va generando  nuevas ideas, cuerpo más vital y activo, acción, concreción, y sensación de que soy capaz y puedo hacer y avanzar.

Hasta pronto.
Foto: “Green Branch” ©sxc.hu/alexkalina

© Ana Molina Gavilán 2010

Si quieres publicar mis artículos puedes contactar conmigo en
info@anamolina.es.
Sobre la Autora:  
Ana Molina es Licenciada en Administración de Empresa por Bentley College (EEUU) y especialista en Técnicas para el Bienestar personal y Rendimiento profesional. Basa su trabajo en el Método TRCD.
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