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El día que me hice un regalo
17/02/2010 14:24:45
El día que me hice un regalo...

Sin hacerme la víctima.
Sin esperar que nadie lo hiciera por mí.
Simplemente porque quise, y sentía que me lo merecía.
Ese día me sentí bien.
Darme mi propio bienestar.
Sin esperar ni pretender que otro me lo diera,
Sin buscar culpables de mi malestar salvo, si acaso, yo misma con mis comportamientos y actitudes a las que me aferraba sin querer cambiar.
Ese día empecé a ser un poco más libre.
El día que me responsabilicé de mi propio bienestar sin buscar culpables.
El día que busqué, me moví, tomé decisiones, y al final encontré ese regalo que yo misma me compré.
Ese día me sentí un poco más fuerte y capaz.
A ese regalo simbólico siguieron otras muchas cosas que yo necesitaba y que quería (e incluso exigía) que otros adivinasen y me diesen.

Hasta pronto.
Foto: "Nenita"    © Elisa Gómez Rosas

© Ana Molina Gavilán 2010
Sobre la autora:

Ana Molina es Licenciada e Administración de Empresa por Bentley College (EEUU) y especialista en Técnicas para el Bienestar personal y Rendimiento profesional. Basa su trabajo en el Método TRCD. 
Pensar lo justo
03/02/2010 17:08:18
A veces tenemos un tema en la cabeza. Le damos vueltas y vueltas sin tomar una resolución y no actuamos. Nos quedamos bloqueados. Esa idea inicial que podía haberse convertido en acción, se queda en la cabeza en forma de dudas, miedos, y justificaciones. Son los “y si…”, los  “es que…”, y los “porque...” interminables. 
Algunos lo llaman la parálisis por el análisis. A muchas personas nos ocurre muy a menudo.
La cabeza puede ser nuestra amiga si dejamos que piense “lo justo”. Si generamos una idea y la concretamos en forma de una acción sencilla, iremos avanzando. Es así de sencillo y punto, lo que pasa es que lo solemos complicar.
Nos pasa con las cosas más cotidianas. Por ejemplo, pensamos: “voy a llamar a este cliente para ofrecerle el nuevo producto que tenemos ”. Genial, en principio la idea es estupenda. Si a continuación tomamos el teléfono y llamamos a ese cliente, la idea se habrá transformado en una acción concreta, que nos llevará a otra dependiendo de la respuesta del cliente y ya habremos pasado a otro punto de avance.
Sin embargo, lo que suele suceder es lo siguiente: después de generar la idea, en vez de actuar, nuestra cabeza entra en pensamientos paralizantes: “Y si no le pillo en la oficina y me atiende fulanito con quien no quiero hablar...es que primero voy a tomarme un café y mejor espero a después de la comida que será mejor hora...es que no le va a interesar... porque seguro me pone pegas..., porque el otro día me dijo que… etc. etc. etc.”  Y al final no lo hacemos.
Entonces esa idea se queda ahí en la cabeza sin concretar, y nuestro cuerpo se llena de tensión porque estaba preparado para tomar una acción que nuestra cabeza ha bloqueado.

Resultado de la no acción: cabeza en confusión, tensión corporal, no acción, no concreción, y sensación de que no puedo llevar a cabo las ideas que pienso.
¿Qué se puede hacer? Pensar “lo justo” y Actuar. Si quiero llamar a tal cliente voy y lo hago. Si quiero ir a tal sitio, voy. Si deseo asistir a clases de yoga porque he visto un anuncio y me ha llamado la atención, voy a una clase de prueba. Y así sucesivamente.  Y si no lo puedo llevar a cabo en ese momento, le pongo día y hora en que voy a realizarlo.
Resultado de la acción: cabeza más ligera que va generando  nuevas ideas, cuerpo más vital y activo, acción, concreción, y sensación de que soy capaz y puedo hacer y avanzar.

Hasta pronto.
Foto: “Green Branch” ©sxc.hu/alexkalina

© Ana Molina Gavilán 2010

Si quieres publicar mis artículos puedes contactar conmigo en
info@anamolina.es.
Sobre la Autora:  
Ana Molina es Licenciada en Administración de Empresa por Bentley College (EEUU) y especialista en Técnicas para el Bienestar personal y Rendimiento profesional. Basa su trabajo en el Método TRCD.
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